Marketing & Comunicación

La crisis y el estrés no roban ni un ápice de felicidad a los “marketeros”, al menos en Reino Unido. Según un reciente estudio llevado a cabo en este país por Mars Drinks, los profesionales del marketing son los trabajadores de oficina más felices de Gran Bretaña. Además, son menos proclives que tener rencillas con sus colegas de trabajo.

El informe de Mars Drinks se basa en la consulta a más 2.000 profesionales, tanto hombres como mujeres, de los ramos del marketing, la creatividad, el derecho, las finanzas y la informática.

Según Mars Drinks, el 60% de los “marketeros” consultados se mostró “feliz” con su trabajo actual. Sólo el 2% reconoció odiar su puesto de trabajo actual, informa Marketing Week.

Los “marketeros” no son sólo más felices que los trabajadores de otros sectores de actividad, sino que son también menos proclives a los enfados con sus compañeros de trabajo. La media diaria de conflictos en los trabajos de oficina es de 1,06, cifra que desciende a 0,67 conflictos de media en el caso de los profesionales del marketing.

Por otra parte, el estudio revela que los “marketeros” invierten un total de 10 minutos y 56 segundos al día en revisar Facebook y Twitter. En otros ramos de actividad, esta cifra es algo menor y se queda en apenas 8 minutos. Además, los profesionales del marketing dedican una media diaria de 9 minutos y 9 segundos a leer emails personales, 2 minutos más que la media global.

Fuente: marketingdirecto.com

¿Y si se muere Internet? ¿Cómo sería la vida para aquellos que son nativos digitales y que no conocen otro proceso que no sea el de tener contacto en línea con otros pares ni obtener cualquier dato que necesitan con sólo indicarle a la máquina una serie de comandos? Volveríamos en el tiempo unos 15 años atrás, aproximadamente, que es cuando Internet apareció en forma general, para luego unos años más tarde volverse masiva (teniendo en cuenta que sólo el 30% de la población mundial posee acceso a Internet).

La noticia de la detención de Kim ‘Dotcom’ Schmitz de Megaupload (si alguien buscaba ejemplos de renombre de marca, en un día el sitio de descargas logró lo que ninguna otra marca en el mundo pudo hasta el momento) y las puestas en marcha de las leyes estadounidenses SOPA y PIPA (en este momento frenadas) pusieron en jaque a la comunidad mundial. Creemos un poco de ficción (el ocaso de Internet sería casi una ilusión) y hagamos de cuenta que Google, Facebook, Wikipedia, Twitter o Youtube no son más que palabras inteligibles de origen anglo.

  • En vez de mandar mails, ya sea por cuestiones personales o profesionales, volveríamos a usar el correo postal tradicional para escribirle cartas a seres queridos (incluyendo alguna postal turística), a otros no tan queridos, y también para enviar CV’s. Siguiendo esta línea, las páginas de los diarios de Ofertas de Trabajo serían numerosas, sobre todo los domingos, a contramano de las escuálidas 2 o 3 carillas que actualmente se imprimen.
  • Las discográficas volverían a ser los monstruos que alguna fueron, y nadie se quejaría de que su música se propague por el mundo sin ser comprada en un formato físico: retornaríamos a las tiendas de discos a revolver y encontrar alguna joya perdida o buscar en las bateas la última novedad. Lo mismo, los videoclubs también se mantendrían como un negocio potable y el efecto Blockbuster en vez de hundirse, se acrecentaría.
  • La información volvería a ser enciclopédica, y para saber algo sobre un tema determinado, tendríamos que ir a las bibliotecas y revolver libros y más libros.
  • Las citas se concretarían en los boliches, como ocurrió siempre hasta hace menos de 20 años… Los encuentros entre solterones y cuarentonas separadas con hijos no tendrían asidero más que en el cara a cara y ambos tendrían que producirse para salir, ensayar algún que otro paso de baile y tener bien a mano un léxico que permita que el otro capte algo de su atención. El chat sólo sería una palabra foránea o la versión corta de chato.
  • Los diarios serían -como siempre, al día siguiente de los hechos- la principal fuente de información y análisis, y sus ventas se mantendrían e incluso aumentarían dependiendo de la espectacularidad de alguna noticia. También la TV mantendría rátings altísimos (videoclips sólo disponibles por canales de música) y las salas de cine se llenarían, aún con el precio de las entradas a un nivel poco asequible.
  • ¿Cómo haríamos con el ego? Facebook y otras redes sociales son un culto al egocentrismo y muchas veces se exponen como un circo exhibicionista de las relaciones sociales ‘donde la gente necesita que los demás sepan con quién hablas, qué haces, cómo vistes, cómo eres…’, tal como comenta la catalana Raquel Andrés en su libro ‘Los ángeles no tienen Facebook’. Entonces, ¿cuántos ‘amigos’ y también desconocidos que tenemos como ‘amigos’ sabrían lo que hacemos, pensamos y sentimos? Volveríamos a las relaciones personales y el ego se desinflaría muchísimo, a no ser que uno vaya gritando por la calle a los cuatro vientos todo lo que escribe en su Estado…

Hay muchas más actividades online que se suplantarían por otras y algunas ni siquiera tendrían reemplazo, como el e-commerce. Sin caer en posiciones ideológicas, con la ausencia de Internet tal vez no haya tanto egocentrismo, individualismo ni gente con dolor de cervicales. Por el contrario, disminuiría la democratización de la información a todo nivel y mucho conocimiento estaría entre oculto y disperso.

Fuente: puromarketing.com

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